SOCRATES
( 470 a C-
https://www.youtube.com/watch?v=_-XFj2G6KRA
Sócrates nació en Atenas el año 470 a. c. de
una familia, al parecer, de clase media. Su padre era escultor y su madre
comadrona, lo que ha dado lugar a alguna comparación entre el oficio de su
madre y la actividad filosófica de Sócrates. Los primeros años de la vida de
Sócrates coinciden, pues, con el período de esplendor de la sofística en
Atenas.
El interés de la reflexión filosófica se
centraba entonces en torno al ser humano y la sociedad, abandonando el
predominio del interés por el estudio de la naturaleza. Probablemente Sócrates
se haya iniciado en la filosofía estudiando los sistemas de Empédocles,
Diógenes de Apolonia y Anaxágoras, entre otros. Pero pronto orientó sus
investigaciones hacia los temas más propios de la sofística.
Pensamiento
Sócrates no escribió nada y, a pesar de
haber tenido numerosos seguidores, nunca creó una escuela filosófica. Las
llamadas escuelas socráticas fueron iniciativa de sus seguidores. Acerca de su
actividad filosófica nos han llegado diversos testimonios, contradictorios
entre ellos, como los de Jenofonte, Aristófanes o Platón, que suscitan el
llamado problema socrático, es decir la fijación de la auténtica personalidad
de Sócrates y del contenido de sus enseñanzas. Si creemos a Jenofonte, a Sócrates
le interesaba fundamentalmente la formación de hombres de bien, con lo que su
actividad filosófica quedaría reducida a la de un moralista práctico: el
interés por las cuestiones lógicas o metafísicas sería algo completamente ajeno
a Sócrates. Poco riguroso se considera el retrato que hace Aristófanes de
Sócrates en "Las nubes", donde aparece como un sofista jocoso y
burlesco, y que no merece mayor consideración.
Más problemas plantea la interpretación del
Sócrates platónico: ¿Responden las teorías puestas en boca de Sócrates en los
diálogos platónicos al personaje histórico, o al pensamiento de Platón? La
posición tradicional es que Platón puso en boca de Sócrates sus propias teorías
en buena parte de los diálogos llamados de transición y en los de madurez,
aceptándose que los diálogos de juventud reproducen el pensamiento socrático.
Esta posición se vería apoyada por los comentarios de Aristóteles sobre la
relación entre Sócrates y Platón, quien afirma claramente que Sócrates no
"separó" las Formas, lo que nos ofrece bastante credibilidad, dado
que Aristóteles permaneció veinte años en la Academia.
El rechazo del relativismo de los sofistas llevó
a Sócrates a la búsqueda de la definición universal, que pretendía alcanzar
mediante un método inductivo; probablemente la búsqueda de dicha definición
universal no tenía una intención puramente teórica, sino más bien práctica.
Tenemos aquí los elementos fundamentales del pensamiento socrático...
Los sofistas habían afirmado el relativismo
gnoseológico y moral. Sócrates criticará ese relativismo, convencido de que los
ejemplos concretos encierran un elemento común respecto al cual esos ejemplos
tienen un significado. Si decimos de un acto que es "bueno" será
porque tenemos alguna noción de "lo que es" bueno; si no tuviéramos
esa noción, ni siquiera podríamos decir que es bueno para nosotros pues, ¿cómo
lo sabríamos? Lo mismo ocurre en el caso de la virtud, de la justicia o de
cualquier otro concepto moral. Para el relativismo estos conceptos no son
susceptibles de una definición universal: son el resultado de una convención,
lo que hace que lo justo en una ciudad pueda no serlo en otra. Sócrates, por el
contrario, está convencido de que lo justo ha de ser lo mismo en todas las
ciudades, y que su definición ha de valer universalmente. La búsqueda de la
definición universal se presenta, pues, como la solución del problema moral y
la superación del relativismo.
¿Cómo proceder a esa búsqueda? Sócrates desarrolla un método práctico basado en el diálogo,
en la conversación, la "dialéctica", en el que a través del
razonamiento inductivo se podría esperar alcanzar la definición universal de
los términos objeto de investigación. Dicho método constaba de dos fases: la
ironía y la mayéutica. En la primera fase el objetivo fundamental es, a través
del análisis práctico de definiciones concretas, reconocer nuestra ignorancia,
nuestro desconocimiento de la definición que estamos buscando. Sólo reconocida
nuestra ignorancia estamos en condiciones de buscar la verdad. La segunda fase consistiría
propiamente en la búsqueda de esa verdad, de esa definición universal, ese
modelo de referencia para todos nuestros juicios morales. La dialéctica
socrática irá progresando desde definiciones más incompletas o menos adecuadas
a definiciones más completas o más adecuadas, hasta alcanzar la definición
universal. Lo cierto es que en los diálogos socráticos de Platón no se llega
nunca a alcanzar esa definición universal, por lo que es posible que la
dialéctica socrática hubiera podido ser vista por algunos como algo irritante,
desconcertante o incluso humillante para aquellos cuya ignorancia quedaba de
manifiesto, sin llegar realmente a alcanzar esa presunta definición universal
que se buscaba.
Esa verdad que se buscaba ¿Era de carácter
teórico, pura especulación o era de carácter práctico? Todo parece indicar que
la intencionalidad de Sócrates era práctica: descubrir aquel conocimiento que
sirviera para vivir, es decir, determinar los verdaderos valores a realizar. En
este sentido es llamada la ética socrática "intelectualista": el
conocimiento se busca estrictamente como un medio para la acción. De modo que
si conociéramos lo "Bueno", no podríamos dejar de actuar conforme a
él; la falta de virtud en nuestras acciones será identificada pues con la ignorancia,
y la virtud con el saber.
En el año 399 Sócrates, que se había negado
a colaborar con el régimen de los Treinta Tiranos, se vio envuelto en un juicio
en plena reinstauración de la democracia bajo la doble acusación
de "no honrar a los dioses que honra la
ciudad" y "corromper a la juventud". Al parecer dicha
acusación, formulada por Melitos, fue instigada por Anitos, uno de los
dirigentes de la democracia restaurada. Condenado a muerte por una mayoría de
60 o 65 votos, se negó a marcharse voluntariamente al destierro o a aceptar la
evasión que le preparaban sus amigos, afirmando que tal proceder sería
contrario a las leyes de la ciudad, y a sus principios. El día fijado bebió la
cicuta.
La influencia de Sócrates
Sócrates ejercerá una influencia directa en
el pensamiento de Platón, pero también en otros filósofos que, en mayor o menor
medida, habían sido discípulos suyos, y que continuarán su pensamiento en
direcciones distintas, y aún contrapuestas. Algunos de ellos fundaron escuelas
filosóficas conocidas como las "escuelas
socráticas menores", como Euclides
de Megara (fundador de la escuela de Megara), Fedón de Elis (escuela
de Elis), el ateniense Antístenes (escuela cínica, a la que
perteneció el conocido Diógenes de Sinope) y Aristipo de Cirene (escuela
cirenaica).
NOTICIAS RECOGIDAS POR
DIÓGENES LAERCIO SOBRE SÓCRATES
Sócrates
fue hijo de Sofronisco, cantero de profesión, y de Fenareta, Obstetriz, como lo
dice Platón en el diálogo intitulado Teeteto. Nació en Alopeca, pueblo de
Ática.
Aristóteles
escribe que tuvo dos mujeres propias: la primera Jantipa, de la cual hubo a
Lamprocle; la segunda Mirto, hija de Arístides el Justo, la que recibió
indotada, y de la cual tuvo a Sofronisco y a Menexeno. Algunos quieren casase
primero con Mirto; otros que casó a un mismo tiempo con ambas, y de este sentir
son Satiro y Jerónimo de Rodas; pues dicen que queriendo los atenienses poblar
la ciudad, exhausta de ciudadanos por las guerras y contagios, decretaron que
los ciudadanos casasen con una ciudadana, y además pudiesen procrear hijos con
otra mujer; y que Sócrates lo ejecutó así.
Avivó el
ánimo de Ificrates, capitán de la República, mostrándole unos gallos del
barbero Midas que reñían con los de Calias. Glauconides lo tenía por tan digno
de la ciudad, como un faisán o pavo. Decía que "es cosa maravillosa que
siendo fácil a cualquiera decir los bienes que posee, no puede decir ninguno
los amigos que tiene", tanta es la negligencia que hay en conocerlos.
Viendo a Euclides muy solícito en litigios forenses, le dijo: "¡Oh
Euclides! podrás muy bien vivir con loa sofistas, pero no con los
hombres". Tenía por inútil y poco decente este género de estudio, como
dice Platón en su Eutidemo. Habiéndole dado Cármides algunos criados que
trabajasen en su provecho, no los admitió; y hay quien diga que menospreció la
belleza del cuerpo de Alcibíades. Loaba el ocio como una de las mejores
posesiones, según escribe Jenofonte en su Banquete. También
decía que sólo hay un bien, que es la sabiduría, y sólo un mal, que es la
ignorancia. Que las riquezas y la nobleza no contienen circunstancia
recomendable; antes bien todos los males".
...Aprendió
a tocar la lira cuando tenía oportunidad, diciendo no hay absurdo alguno en
aprender cada cual aquello que ignora. Danzaba también con frecuencia, teniendo
este ejercicio por muy conducente para la salud del cuerpo, como lo dice
Jenofonte en su Banquete. Decía asimismo que un genio le revelaba las cosas
venideras. "Que el empezar bien no era poco, sino cercano de lo poco. Que
nada sabía excepto esto mismo: que nada sabía. Que los que compran a gran
precio las frutas tempranas desconfían llegar al tiempo de la sazón de
ellas".
Preguntado
una vez qué cosa es virtud en un joven, respondió: "El que no se exceda en
nada". Decía que "se debe estudiar la geometría hasta que uno sepa
recibir y dar tierra medida" Habiedo Eurípìdes en la tragedia Auge dicho
de la virtud
Que
es acción valerosa
Dejarla de repente y sin consejo:
se levantó
y se fue diciendo "era cosa ridícula tener por digno de ser buscado un
esclavo cuando no se halla, y dejar perecer la virtud". Preguntado si era mejor casarse o no casarse, respondió:
"Cualquiera de las dos cosas que hagas te arrepentirás". Decía
que "le admiraba ver que los escultores procuraban saliese la piedra muy
semejante al hombre, y descuidaban de procurar no parecerse a las
piedras". Exhortaba a los jóvenes "a que se mirasen frecuentemente al
espejo, a fin de hacerse dignos de la belleza, si la tenían; y si eran feos,
para que disimulasen la fealdad con la sabiduría".
La
acusación jurada, y que, según Favorino, todavía se conserva en el templo
Metroo, fue como se sigue: "Melito Piteense, hijo de Melito, acusó a
Sócrates Alopecense, hijo de Sofronisco, de los delitos siguientes: Sócrates
quebranta las leyes, negando la existencia de los dioses que la ciudad tiene
recibidos, e introduciendo otros nuevos; y obra contra las mismas leyes
corrompiendo a la juventud. La pena debida es la muerte".
(Diógenes Laercio, "Vidas de filósofos ilustres",
trad. José Ortiz, ed. Iberia, Barcelona, 1962)
QUE NO, QUE NO ¡VIVA SÓCRATES!
Artículo de Agustín
García Calvo
Por lo
visto, un periodista norteamericano retirado, un tal señor Stone, ha sacado un
libro, que las prensas españolas se han apresurado a venderles a ustedes
traducido bajo el título El Juicio de Sócrates. Parece ser que el autor, para
darle a la cosa ese empaque de escrúpulo y seriedad científica, cuenta que,
para acometer su empresa, se puso en su vejez, como Catón el Viejo, a estudiar
griego. Uno pensaría que, si se tomó ese deleitoso trabajo, sería para poder
entender con precisión los ambages lógicos y sutilezas que juegan en los
diálogos socráticos (lo cual requiere ciertamente una buena familiaridad con el
ático coloquial de esa literatura) y para meterse un poco en el interminable
intento de, a través de las versiones de Platón y de Jenofonte, comparando y
contrastando, discernir algo de lo que pudo acaso decir la voz de Sócrates
dialogando por las calles. Pero no: al sr.St. no le interesa para nada a qué
suena sócrates ni lo que dice: le interesa el personaje Sócrates, y la
Democracia, y discutir una vez más de los motivos que tuviera el Jurado
democrático ateniense para condenarlo a muerte a los 70 años; para el cual fin,
le bastaba con recoger una sarta de trivialidades históricas y opiniones
ramplonas sobre el caso, que unas mediocres traducciones en su lengua le
hubieran igual de bien proporcionado. (Los lectores que quieran, con motivo de
este devaneo, volver un poco sobre el caso, disponen, entre otras, de la Vida
de Sócrates de A. Tovar, muchas veces reeditada y traducida y, si lo quieren
más escueto [oso ofrecérselo porque son libros hace años agotados y que tendrán
que buscar en alguna biblioteca], el artículo 'Sócrates', que fabriqué hace
unos 15 años para la enciclopedia Universitas de la Ed. `Salvat', t. II, y Las
obras socráticas de Jenofonte que saqué un par de años antes en la colección de
bolsillo de `Alianza Editorial'.)
El meterse
con la figura de Sócrates ha sido una ocupación frecuente en este mundo, desde
que, vivo él y presente, Aristófanes (que en política era conservador y amigo
de paces con los espartanos) la puso en Las Nubes en ridículo, cargándola con
especulaciones físicas y malas mañas retóricas que no tenían mucho que ver con
Sócrates, pero que daban motivo a un espléndido juego cómico; y después de
muerto, la más notoria hasta ahora de las diatribas antisocráticas era la de
Nietzsche, que lo atacaba sobre todo porque, frente al principio puro y duro de
'el más fuerte', (contra el que se lanza el Sócrates de Platón en el libro I de
la República), le parecía a él que venía Sócrates a sostener la ley de los
débiles y comunes, o sea el principio mismo de toda democracia.
Ahora este
sr.St. la toma con esa figura casi exactamente par lo contrario: porque
Sócrates, amigo esta vez de oligarcas y hasta de regímenes espartanos, era un
peligro o molestia para la Democracia, y que, en el fondo, por eso lo
condenaron; lo cual al sr.St., como demócrata que él es, le hace comprender
mejor, si no disculpar del todo, que el Jurado democrático ateniense lo
condenara. Cuesta enterarse de tan crasa majadería sin encolerizarse un poco, y
a duras penas me avengo a rememorar un par de notas sobre la figura de
Sócrates, antes de volver a lo que importa. Hace el sr.St. como si no se nos
hubiera transmitido claramente que los cargos para los que se juzgó y condenó a
Sócrates fueron el de corromper a los jóvenes y el de meter dioses que no eran
los oficiales; o le parece muy normal y democrático que a uno se le monte un
juicio con unos cargos aparentes, mientras que por bajo anda otro cargo
verdadero; que no es siquiera el de que a la mayoría democrática de los
atenienses Sócrates les caía gordo y estaban hartos, sine eso de que no era un
buen demócrata y más bien le gustaban los regímenes aristocráticos; cargo, por
cierto, que era fácil de formular, y que en las varias democracias atenienses
se había muchas veces empleado. ¿Para qué habría que andar acusando a Sócrates
de pervertir jóvenes y de traer otros dioses, cargos más bien insólitos y poco
decentes para los ideales democráticos, si no era de eso de lo que se le
acusaba? Luego, el sr.St., al parecer, se desentiende de que, habiéndole dejado
a Sócrates vivir 70 años, había pasado por regímenes de diversos colores en
Atenas, entre ellos algunos netamente oligárquicos, como el de los 30 Tiranos;
durante el cual a Sócrates, como en tales regímenes se suele, sabemos que Los
Treinta quisieron implicarlo con ellos encargándole una gestión policíaca para
atrapar a uno de la lista negra; a lo cual él respondió no dándose por enterado
del encargo; así que en un tris debió de estar que en consecuencia se lo
hubieran cargado a él, adelantándole así la cosa algunos años y haciéndole para
la Historia perecer bajo una oligarquía en vez de bajo una Restauración de la
Democracia.
¿Cómo
desconocer la evidente indiferencia de Sócrates por los cambios de régimen y
las actualidades políticas de Atenas?: él se dedicaba a preguntar, entre otras
cosas, qué es eso de `gobernar un estado'; y ésa es una pregunta que a ningún
tipo de Gobierno le sienta bien; sólo que a Sócrates la mayor parte de su vida
le tocó hacerla bajo una Democracia. ¿De dónde vienen entonces esas historias
del sr.St. sobre Las ideas políticas de Sócrates y sus simpatías par el régimen
espartano? Ahí debe de estar lo más zafio del guisado: de los casi solos
testimonios socráticos que nos quedan, los escritos de Platón y de Jenofonte,
apenas si con mil miramientos y discusión de contradicciones han podido los
filólogos ir sacando algún hilo para discernir lo que en ellos podía haber de
socrático, separándolo de lo que los autores fueron atribuyéndole de sus
propias ideas y sus gustos a su respectivo personaje `Sócrates'.. Pero en
cambio, de Platón y de Jenofonte estamos bien informados: Jenofonte, bastante
limitado de entendederas y facultad dialéctica (tanto más admirable que el
recuerdo de las charlas socráticas oídas en su juventud le hiciera escribir en
defensa de su memoria), era un señor con ideales de derechas y declaradamente
filoespartano; Platón, maravilla de lucidez y gracia en la escritura, a quien
debemos, por sus diálogos de juventud, la mayor parte de lo que pueda habernos
llegado de la voz de Sócrates, sabemos que con la edad fue desarrollando
ideales políticos y colaborando incluso con dictadores en ensayos para
realizarlos. Pues bien, héte aquí que ahora el sr.St. le cargo tranquilamente a
Sócrates todo lo que a su propósito le viene bien de Las monsergas morales y
políticas que Jenofonte sobre todo le mete de vez en vez a su personaje
`Sócrates', y supongo que también de los ideales políticos de Platón, que
también él fué cada vez más descaradamente poniendo en boca de su `Sócrates',
(aunque hay que decir que en el último y más grueso de los tratados políticos,
las Leyes tuvo la decencia de retirar al fin el nombre de Sócrates de la
trama), y así se ha debido de montar el sr.St. el Sócrates que le hacía falta
para el juicio. En fin, el colmo de la cosa debe de ser cuando, como muestra
del desprecio de Sócrates par la Democracia, le reprocha el sr.St. no haber en
su defensa apelado al Principio de la Libertad de Expresión, genial invento que
si Sócrates hubiese usado, le habría disculpado de corromper jóvenes y de meter
dioses nuevos. Como si Sócrates no hubiera hecho al Principio Democrático de la
Libertad de Expresión el más directo y fino homenaje que se puede, a saber, el
de usarla, soltando el día del juicio, igual que cualquiera de los de su vida,
lo que le salía par esa boca, sin cuidarse mucho de las consecuencias. Y
todavía, yo creo que el sr.St. sospecha que Sócrates, que podía haberse
fácilmente salvado de la condena (y podía, sí: a lo que dicen nuestras fuentes,
pudo en contrapropuesta de pena condenarse a una multa muy grande, tomando el
dinero que sus amigos ricos le ofrecían, cosa que el Jurado habría aceptado
probablemente; pero él, que pensaba que lo que Atenas le debía era
agradecimiento, por haber operado sobre ella como el tábano que mantiene
despierto a un caballo remolón, se obstinó en no ceder en eso; y todavía, a
regañadientes, se condenaba a pagar todo el dinero que él tenía, unas 20 o 30
mil pesetas de las de ahora, lo que al Jurado, claro, no iba a parecerle
respetable), pues sospecha el sr.St. -yo creo- que se dejó ejecutar adrede para
chinchar a la Democracia y dejarla para siempre cargada con la mala sombra de
su muerte. No puedo más seguir en torno a la figura de Sócrates con estas
necedades. El libro del sr.St. ni siquiera lo he leído: al entrar o salir de
cenar lo he hojeado un par de noches en las pilas de novedades de algún
drugstore, y no me han dada ganas de más. Ni me habría ocupado de semejante
libro, si no llega a ser que un amigo me trajo a la atención un par de
artículos que han sacado G. Jackson en El Independiente, 24 de Febrero, y F.
Savater en El País del 26, a propósito del libro, tratándolo con encomio,
aprobando su ingenio y probidad histórica, y hasta Savater, que en años lejanos
anduvo leyendo conmigo restos de presocráticos (y sócrates no es otra cosa que
el último de los presocráticos), estimando contundentes los argumentos del
sr.St. y declarando la delicia de iconoclastia que con ese libro le ha
cosquilleado. ¿Qué puede pensar uno de estos hombres? Lo más piadoso que se le
ocurre pensar a uno es que están viejos o se están haciendo viejos, o adultos
par lo menos. Porque es que la voz de Sócrates es un encanto perpétuo para los
oídos de los muchachos. La figure `Sócrates', al fin y al cabo, allá se vaya,
con su juicio y su muerte, con la Atenas democrática del 399 ante y la
Administración de la Casa Blanca de 1989 post, y la sarta de zarandajas
históricas con que entretienen su tránsito hacia la muerte los ejecutivos y
señoras de ejecutivos comadreando delante del televisor o en su pantalla: ¿a
quién le quita el sueño el figurón de Sócrates y los mecanismos políticos de su
ejecución? Pero la voz de Sócrates, eso que, gracias a y a la vez a pesar de
Platón y Jenofonte, resucita de los escritos y suena una vez y otra, eso a los
muchachos y menos formados los encanta una vez y otra y les hace abrírseles los
ojos y palpitar en una pasión de razonamiento viva. Porque es que, en el trance
en que el mundo los tiene de aceptar el principio de realidad, de someterse par
su propio bien futuro a las ideas que los mayores les inculcan, suena una voz
que a cada una de esas ideas dominadoras pregunta "¿Qué es?", y
descubre razonando amablemente las contradicciones y mentira de que están
formadas, y eso es como un aliento de liberación en que aletean aunque sea un
breve rato sus corazones; y así les pasa como cuenta el Alcibíades de Platón
(Symp. 215 d-216 b), al que hace entrar al final del convite de Amor medio
borracho, diciendo aquello de que, cada vez que oía a Sócrates, o las razones
de sócrates referidas por boca de algún otro, le danzaba el corazón y se le
saltaban las lágrimas, y le parecía que no podía un momento más seguir viviendo
como vivía. Luego los muchachos suelen hacerse mayores, y empiezan a creer a su
vez en cosas, en el ideal Nacional-sindicalista o en la Democracia por ejemplo,
y a ocupar sus puestos y destinos; y entonces eso de Sócrates les estorba, como
a ese Alcibíades, al que saca Platón en un trance de su vida en que está
ocupando altos cargos en la Administración Democrática de Atenas, y que sigue
en su discurso declarando que ahora lo que tiene que hacer es andar escapado de
sócrates y, como Ulises con las sirenas, tapándose los oídos a sus razones,
porque sabe que, si las oye, va a pasarle otra vez como de muchacho, y se va a
quedar allí hasta la vejez oyéndolas. Sólo que no suelen los hombres confesarse
tan claro esa necesaria huída y sordera a sócrates a que su estado adulto les
obliga; lo corriente es que apaguen pronto sus contradicciones, crean
firmemente en algunos ideales o principios (en caso de que el recuerdo de
sócrates siga aguijando macho, pueden, como Platón y Jenofonte, atribuírle a
Sócrates las ideas en que ellos van, con la vejez, creyendo), o más bien no
vuelvan siquiera a acordarse de a qué sonaba sócrates, al menos hasta que
alguno de los niños o niñas que hayan criado para el Cielo venga por ventura a
oírlo y se lo recuerde amargamente. Es una pena que los oyentes de Sócrates
tengan en su mayoría que ser siempre tan inexpertos y jovenzuelos, y desde
luego, esto de la sucesión de generaciones y que, aunque la voz siga sonando
siempre, esos jovenzuelos tengan que ser a cada paso otros y otros, no es un
procedimiento nada satisfactorio ni para quedarse tan conformes; pero el
tinglado así lo condiciona; y en tanto y no que pasa algo para desbaratarlo y
acabar con esas condiciones, lo que sí conviene que notemos es que el truco
principal para anular o ensordecer las razones es el de confundir la voz de
sócrates con la figure histórica de Sócrates, y para no oírlas, platicar mucho
de las anécdotas de su juicio y su condena y muerte bajo las piedrecillas de
los votos negros de la mayoría democrática de un Jurado de la vieja Atenas.
Recuérdese que esa reducción de las razones de sócrates a la máscara histórica
y personal de Sócrates y a sus líos con el régimen político de su pueblo que le
tocó en suerte, eso es el verdadero proceso para juzgarlo y condenarlo, una y
otra vez, a muerte.
Nota: El libro al que se refiere el autor del artículo, Agustín
García Calvo, lleva por título "El Juicio de Sócrates".
Fue escrito por I.F.Stone, y publicado por Mondadori, en Madrid, el año 1988.
TEST DE SÓCRATES
Encierre
con un círculo la respuesta correcta.
1.
La madre de Sócrates era comadrona, lo que ha dado
lugar a alguna comparación entre el oficio de su madre y la actividad
filosófica de su hijo sería entonces:
a.
Ayudar a la crianza de los
niños.
b.
Hacer parir a las mujeres.
c.
Hacer parir a los hombres.
d.
Hacer parir ideas.
2.
El interés de la reflexión filosófica se había
centrado en torno al origen del mundo, ahora hacia un giro en torno a:
a. La
naturaleza.
b. El cosmos.
c. El ser humano.
d. Dios.
3. A Sócrates le interesaba fundamentalmente la formación de:
a. hombres de bien.
b. la moral.
c. la metafísica.
d. lo jocoso y burlesco.
4. El rechazo del relativismo de los
sofistas llevó a Sócrates a la búsqueda de la definición universal, que
pretendía alcanzar mediante un método:
a. inductivo.
b. deductivo.
c. práctico.
d. teórico.
Los sofistas habían afirmado el
relativismo gnoseológico y moral. Sócrates criticará ese relativismo,
convencido de que los ejemplos concretos encierran un elemento común respecto
al cual esos ejemplos tienen un significado. Si decimos de un acto que es
"bueno" será porque tenemos alguna noción de "lo que es"
bueno; si no tuviéramos esa noción, ni siquiera podríamos decir que es bueno
para nosotros pues, ¿cómo lo sabríamos? Lo mismo ocurre en el caso de la
virtud, de la justicia o de cualquier otro concepto moral. Para el relativismo
estos conceptos no son susceptibles de una definición universal: son el
resultado de una convención, lo que hace que lo justo en una ciudad pueda no
serlo en otra. Sócrates, por el contrario, está convencido de que lo justo ha
de ser lo mismo en todas las ciudades, y que su definición ha de valer
universalmente. La búsqueda de la definición universal se presenta, pues, como
la solución del problema moral y la superación del relativismo.
5. El planteamiento
de Sócrates sobre la moral es de carácter.
a. Relativista.
b.
gnoseológico.
c. universal.
d. virtuoso.
6. la palabra “dialéctica” usada en Sócrates hace alusión a:
a. diálogo.
b. razonamiento.
c. ironía.
d. mayéutica.
7. El método socrático constaba de:
a. Inducción y deducción.
b. ironía y
mayéutica.
c. Ignorancia y razón.
d. mentira y verdad.
8. La ironía, su objetivo fundamental es, a
través del análisis práctico de definiciones concretas, reconocer nuestra
ignorancia, nuestro desconocimiento de la definición que estamos buscando. Sólo
reconocida nuestra ignorancia estamos en condiciones de buscar:
a. la verdad.
b. la
mayéutica.
c. la definición.
d. lo desconocido.
9. La dialéctica socrática irá progresando
desde definiciones más incompletas o menos adecuadas a definiciones más
completas o más adecuadas, hasta alcanzar la definición universal. Lo cierto es
que en los diálogos socráticos de Platón no se llega nunca a alcanzar esa
definición universal, por lo que es posible que la dialéctica socrática hubiera
podido ser vista por algunos como algo irritante, desconcertante o incluso
humillante para aquellos cuya ignorancia quedaba de manifiesto, sin llegar
realmente a alcanzar esa presunta definición universal que se buscaba.
La dialéctica socrática es entonces de
carácter:
a.
irritante.
b.
desconcertante.
c. humillante.
d. definición
universal.
Esa verdad que se buscaba ¿Era de
carácter teórico, pura especulación o era de carácter práctico? Todo parece
indicar que la intencionalidad de Sócrates era práctica: descubrir aquel
conocimiento que sirviera para vivir, es decir, determinar los verdaderos
valores a realizar. En este sentido es llamada la ética socrática
"intelectualista": el conocimiento se busca estrictamente como un
medio para la acción. De modo que si conociéramos lo "Bueno", no
podríamos dejar de actuar conforme a él; la falta de virtud en nuestras
acciones será identificada pues con la ignorancia, y la virtud con el saber.
10. Para Sócrates la ética se torna:
a. práctica.
b. especulativa.
c. teórica.
d. intelectualista.
11. Sócrates fue acusado de
archisofista, que quiere decir:
a. persona débil que se deja
manipular.
b. persona que tuerce la verdad.
c. vive la religión de su
pueblo.
d. se ciñe a las normas
establecidas.
12. Quien
fue el primero que trató acerca de la Moral, y el primero de los filósofos que
murió condenado por la justicia, fue:
a. Platón.
b.
Critias.
c. Sócrates.
d.
Jenofonte.
13. Sócrates
decía que sólo hay un bien, que es la sabiduría, y sólo un mal, que es la:
a. pereza.
b. guerra
c.
vagancia.
d. ignorancia
14. Preguntado
si era mejor casarse o no casarse, Sócrates respondió:
a. “Quien lo inventó, nunca se casó”.
b. “A mal
que no tiene cura, hacerle la cara dura”
c. "Cualquiera de las dos
cosas que hagas te arrepentirás".
d. “Cada
tiesto con su arepa”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario